El pornodrama es una técnica teatral vanguardista, que intenta a través de los sentidos provocar una reacción no sólo del espectador sino también del mismo elenco protagónico de las obras quien carga sobre sus espaldas el mostrar su sexualidad a flor de piel como si estuvieran en sus propias casas en la más absoluta intimidad pero a sabiendas de que hay un público que se constituye en cómplice voyeur necesario en el desarrollo del drama.
“Una experiencia singular que todo espectador adulto debe experimentar” y sacar luego sus propias conclusiones sobre los vivido.
Hemos asistido al trabajo de cuatro actores muy comprometidos con su arte.
Pornodrama II no intenta que el espectador sea un simple voyeur de actos privados, sino que compromete de alguna forma subliminal quizás, la directa participación del espectador introduciéndolo al mundo más íntimo y por momentos animalesco de dos parejas que sienten en el sexo algo super natural desposeído totalmente de amor, sólo sexo del más primitivo y carnal que ser humano pueda crear.
Desde el punto de vista visual la puesta en escena de Alejandro Casavalle presenta dos aspectos totalmente diferentes entre sí, pero que sin embargo se complementan perfectamente con el crescendo dramático de la historia que el espectador también vive, se trata del aspecto puramente teatral y del aspecto cinematográfico que muestra un ángulo diferente de la acción con el agregado magistralmente pensado del congelamiento de la imagen en determinadas escenas como para que el espectador medite sobre ello, todo un hallazgo narrativo.
Quizás en la escena en donde “la dueña de casa” le cuenta a su invitada lo mucho que necesita tener un hijo o tomar a uno cualquiera de la calle, se vé intrínsecamente la verdadera esencia de este drama, la necesidad de afecto puro, de dar y recibir amor, de dar y recibir cariño.
Esperaremos con curiosidad intelectual qué nos propondrá el Pornodrama III, desde ya el Pornodrama II es excelente.
Ver nota haciendo click aqui
Descongelandomentes - por Charly Borja
Ritualarte - por Gabriela Hamuy
Pornodrama
En todo caso, cuando un tema es altamente controvertido -y cualquier cuestión sobre el sexo lo es—, uno no puede esperar decir la verdad. Sólo puede mostrar cómo llegó a sostener la opinión que sostiene. Sólo puede darle a su auditorio la posibilidad de sacar sus propias conclusiones al observar las limitaciones, los prejuicios, las peculiaridades de quien está hablando. Virginia Woolf
¿Desde qué lugar, si no el de la cultura en la que uno está inmerso, leer la obra? ¿De qué modo se representa nuestra mirada de la sexualidad, y de qué forma se construyen las prácticas de ella?
Pornodrama se nos presenta como un juego erótico intelectual.
Como dice, Alejandro Casavalle, su director: La pornografía representada en el teatro puede producir empacho, cansancio o simplemente sirve para reflexionar.
El relato se construye en dos niveles: lo actuado en escena y lo que, simultáneamente, registra la cámara que filma y fotografía. La filmación genera un texto propio, más sugestivo, en este caso, que el lenguaje verbal. De esta manera compone otro relato, lleno de imágenes poéticas y de mayor profundidad.
Cuatro actores son partícipes de una estructura circular de sumisión aunque por distintas razones: poder, sexo, dinero, miedo, comodidad o todas juntas. Todo vale para obtener lo que cada uno busca. Todo será jugado al límite pero desde distintos lugares.
Los cuerpos en el escenario de Noralí, Sofía, Ernesto y Ricardo representan el puro estado del deseo. Están atravesados por significantes culturales y se convierten en símbolos y en marcas de nuestra educación.
Antes de entrar a la sala el espectador puede ver un cartel que advierte sobre la existencia de Sexo explícito.
El ritual comienza.
Todos nos convertimos en voyeurs con una fuerte expectativa erótica. El público puede sentir pudor, rechazo, o simplemente gozar por participar de esta ceremonia.
También, miedo de perder la distancia. De esta manera, la experiencia del cuerpo propio, junto con la imaginación, completan las lecturas posibles. Cada uno puede continuar, reproducir o completar las imágenes que ve.
Después de todo, como dice Theodor Schroeder: ".. la obscenidad no se encuentra en ningún libro ni representación alguna, sino que supone una cualidad de la mente que lee o mira”
Son destacables los trabajos de Fernando Camozzi en la operación y diseño de video; y el de la actriz Carolina Refusta, de una melancólica belleza
